Complejo arqueológico Chavín de Huantar

Se encuentra en el distrito de Chavín de Huantar (3,177 msnm), provincia de Huari, a 109 kilómetros de Huaraz, de la capital regional. El viaje se realiza por una vía asfaltada, observándose en el trayecto una serie de nevados y la atractiva laguna de Querococha.
El complejo abarca una extensión de 14 hectáreas  destacando en su construcción un templo o edificio principal a manera de pirámide trunca  con enormes  bloques de piedra pulida y pasadizos subterráneos, recintos piramidales, templos y plazas hundidas, también esculturas líticas en alto y bajo relieve, artísticamente misteriosas, en el complejo arqueológico más impresionante de la región Ancash, que según las investigaciones, habría sido erigido por los hombres de la cultura preincaica de Chavín, allá por el año 1200 A.C.

En los tiempos de explendor de este pueblo, considerado como una de las piedras angulares en el desarrollo andino, se realizaban grandes y fastuosas ceremonias religiosas en las estructuras de piedra. Miles de personas observaban con unción, quizás hasta con miedo, a esos sacerdotes que tenían la cualidad de desaparecer de un lugar y aparecer en otro en cuestión de segundos.

Lo que desconocían aquellos sorprendidos espectadores, es que debajo de los recintos de piedras, existía una compleja red de galerías,pasajes subterráneos, que permitían a los sacerdotes trasladarse de un lugar a otro sin ser vistos. Dichos túneles estaban dotados con conductos de aire y pequeños resquicios por los que ingresaban tenues rayos solares. Todo un prodigio arquitectónico.

Aparte de sus recintos y galerías, en Chavín destacan varias esculturas líticas de gran valor artístico y simbólico, como las llamadas cabezas clavas, con rasgos de felinos y hombres, que fueron colocadas en los exteriores del templo (una conserva su posición original) y el lanzón monolítico, inmensa escultura de 4 metros de alto y en forma de cuchillo, localizada en los túneles. Esta pieza presenta tallas de aves, serpientes y felinos.
Chavín fue descubierto o presentado al mundo por Julio C. Tello, el “Padre de la Arqueología Peruana”, en 1919. Desde aquel momento, sus construcciones y galerías han generado admiración, siendo declaradas por la UNESCO como Patrimonio Cultural de la Humanidad en 1985.